Al contrario de la fantasía
platónica de la Atlántida, Tarteso es una realidad histórica que la
arqueología va desvelando poco a poco, y también ha generado una
bibliografía amplia durante siglos. Primero, se ha investigado en las
fuentes griegas y romanas, que han dejado noticias parcas y
fragmentarias, originando intensos debates, y en los últimos cuarenta
años confrontando estos textos con los datos proporcionados por la
arqueología, con la misma pasión. Pues Tarteso es sin dudas el primer
referente histórico hispano de mayor relevancia. Y lo sigue siendo. Los
estudios se han centrado en el reconocimiento de su historicidad, en la
ubicación de la ciudad, en la polémica de si se trata de una ciudad o de
una región, en la caracterización de su cultura material, social,
ideológica y económica, en el tiempo en que existió y en el de sus
reyes, míticos e históricos, mencionados en los textos
Tarteso,
como las grandes monarquías mediterráneas, tuvo también sus dinastías
divinas y míticas. Las conocemos de modo incompleto puesto que sus
elementos aparecen sólo en la rica e inagotable tradición literaria
griega mezclados con otros mitos y leyendas dispares. Intentaré
resumirlas. Según algunos autores, ocupados del tema, cabe hablar de dos
dinastías cuya conexión entre sí desconocemos: la de Gerión, la más
antigua, y otra más moderna correspondiente a Gárgoris y a su hijo
Habis.
Gerión es el primer
nombre conocido de un rey tartésico divino, citado por el poeta griego
Estesícoro, R.F. Avieno en su 'Ora Marítima' y Estrabón, y que para
algunos residió en el arx Gerontis, o 'fortaleza de Gerión', ubicada en
las cercanías de Gadir. La mitología menciona a una hija de este rey,
Eritheia -nombre de una de las dos islas gaditanas-, y a un nieto,
Norax, rey de Tarteso más tarde. La mitología alude a él como un
personaje dotado de tres cabezas o tres cuerpos, provisto de alas, y
como un guerrero-pastor, dueño de rebaños de bueyes y de caballos,
además de custodio de las riquezas de la tierra, como el oro y la plata.
Reinaba