Los eclipses solares, en los que el disco lunar cubre al Sol en pleno
día y provoca el desconcierto de los animales -así como el pánico de
algunos humanos-, se deben a una asombrosa casualidad planetaria. La
Luna está 400 veces más cerca de nosotros que el Sol, y también es 400
veces más pequeña. Por ello, cuando la Tierra, la Luna y el Sol se
encuentran alineados,
es posible contemplar cómo el Sol desaparece por completo ante el paso del satélite.
Al menos así ocurre en la llamada franja de totalidad del eclipse. En
otras zonas, sin embargo, la Luna tan solo morderá al astro rey sin
terminar de ocultarlo por completo, lo que se conoce como un eclipse
parcial.
Para el poeta griego Arquíloco de Paros, testigo de la ocultación del Sol del año 648 a. de C., esta fue
la expresión más evidente de que el Cosmos no se rige por reglas,
y de que cualquier cosa, por absurda que parezca, puede ocurrir en
cualquier instante. «Nada puede ser ya sorprendente, o imposible, o
milagroso, ahora que Zeus, Padre de los Olímpicos, ha hecho noche del
mediodía, escondiendo la brillante luz del Sol, y
el miedo ha descendido sobre la humanidad.
Después de esto, los hombres pueden creer cualquier cosa, esperar
cualquier cosa. No se sorprenda nadie en el futuro si las bestias de
tierra se cambian de lugar con los delfines, y marchan a vivir en sus
salados pastos, y acaban por gustar más de sus profundas olas que de la
tierra, mientras los delfines prefieren las montañas».
Hoy sabemos que, muy al contrario de lo que intuyó Arquíloco, los
eclipses son precisamente una de las manifestaciones más claras de que
el mundo de los astros es fiable y puntual como un reloj suizo.
Pero no es necesario salir de esa época que seguimos llamando Antigua
Grecia para encontrarnos con al menos dos pensadores que no solo habían
entendido la regularidad que subyace tras estos fenómenos, sino que
incluso se aprovecharon de ellos para solucionar problemas concretos
sobre el Universo (que, para ellos, no excedía el Sistema Solar).
Aunque no fue su único mérito, solo por sus estudios de los eclipses
los sabios Aristarco de Samos e Hiparco de Nicea ya merecen un lugar
entre los grandes pensadores de la Historia. Ambos emplearon distintas
clases de eclipses (Aristarco, lunar; Hiparco, total y parcial) para
realizar mediciones precisas y calcular geométricamente la distancia que separa la Luna de nuestro planeta. De algún modo, estos fueron los primeros pasos que dio la humanidad hacia la conquista del espacio.
Supersticiones y rituales
Aproximadamente una vez cada 1,6 años se produce un eclipse solar en
algún lugar del planeta, siempre durante la fase de Luna nueva. Una
tercera variable de eclipse solar es el anular, que se produce cuando la
Luna está en su punto de máxima lejanía (apogeo) con la Tierra, por lo
que
su disco aparece un poco más pequeño y permite que una pequeña franja exterior del Sol la rodee como un anillo. Cada año...